30 Años de CORDES

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El 4 de febrero la Corporación de Estudios para el Desarrollo CORDES celebró sus 30 años en el auditorio principal de la Universidad de las Américas (UDLA). Disertaron Santiago Basabe, Felipe Burbano de Lara y Martín Pallares. El presidente de CORDES, Osvaldo Hurtado, cerró el evento con un discurso sobre los 30 años de la institución.

 

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE CORDES: OSVALDO HURTADO LARREA, EN EL TRIGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN

 

En el Ecuador, hace cuarenta años, subía el precio del petróleo, aumentaban las exportaciones tradicionales, fluía el crédito externo y se expandía el gasto público. Gracias a los abundantes recursos disponibles crecía la economía, se creaban nuevos organismos estatales, se construían carreteras y centrales eléctricas, se incrementaba el consumo de las familias, mejoraban las condiciones de vida de la población y el país avanzaba en todos los campos.
 
Esta burbuja económica reventó al comenzar los años ochenta, por la caída del precio del petróleo, el cierre del crédito de la banca internacional, un enfrentamiento bélico en la frontera sur y catastróficas inundaciones que convirtieron a zonas del litoral en gigantescos lagos.
Esta suma de infortunios desató una honda crisis económica, que agudizó los déficit fiscal y de la balanza de pagos, aceleró la inflación y echó abajo el crecimiento que el país había disfrutado por una década. Es lo que ha vuelto a suceder en 2015, año en el que Ecuador enfrenta una coyuntura económica similar a la de aquella época.
A fin de restablecer la estabilidad y evitar mayores males, el Gobierno que presidí resolvió aplicar un severo e impopular programa de austeridad, que permitió disminuir la inflación, estabilizar el tipo de cambio, eliminar el déficit interno y externo y restablecer el crecimiento económico. Estos positivos resultados fueron logrados sin que se menoscabaran la Constitución, las leyes y las instituciones democráticas.
Ignorando esta aleccionadora experiencia, y las enseñanzas que dejaron las costosas “décadas perdidas” de fin de siglo, el Gobierno de la revolución ciudadana reeditó la equivocada política económica de los gobiernos militares, al concentrar en el Estado la responsabilidad de llevar a cabo el desarrollo del Ecuador. Como era de esperarse, las debilidades e inconsistencias del modelo adoptado han sido desnudadas por la caída del precio del petróleo, bastante más pronunciada que la de los lejanos años ochenta. 

De manera sorpresiva ha terminado la prolongada etapa de prosperidad iniciada en 2001, en la que tanto el país como sus habitantes lograron importantes progresos. Y, como entonces, la excepcional circunstancia económica no ha sido aprovechada para impulsar un mayor crecimiento y sentar las bases que le habrían permitido al Ecuador convertirse en una sociedad desarrollada en no más de tres décadas.
Ante este adverso escenario toca al Gobierno anunciar que la época de la abundancia terminó. Y que para evitar las gravosas consecuencias de una crisis económica está dispuesto a aplicar un programa de ajuste, que ponga a la economía a tono con las restricciones causadas por la caída del precio del petróleo.
No será una tarea fácil para un Régimen que duplicó la participación del Estado en la economía y que por largos años se acostumbró a gastar, sin medida, ahorro y previsión, la riqueza petrolera, la abultada deuda que contrajo y los elevados impuestos de los contribuyentes.
Cuando a fines de 1984 Cordes inició sus actividades, políticos de derecha e izquierda, trabajadores, empresarios y medios de comunicación creían que correspondía al Estado la responsabilidad de desarrollar el Ecuador. Como también que los equilibrios macroeconómicos no eran importantes, que la disciplina fiscal era asunto secundario, que el pago de impuestos no era una obligación cívica y que ciudadanos y empresarios tenían derecho a recibir: beneficios, subsidios, protecciones, ayudas y prebendas.
La corporación se fijó la tarea de contribuir a esclarecer la problemática económica, a fin de que el debate público tuviera en cuenta experiencias ajenas y las limitaciones que planteaban las realidades económicas. Con este fin, a través de investigaciones, publicaciones, conferencias, seminarios y mesas redondas, planteó la importancia de la disciplina fiscal. No solamente porque sin ella no podía alcanzarse un crecimiento económico de largo plazo; sino también por los costos sociales que su ausencia ocasionaba, al provocar elevadas tasas de inflación, fuertes devaluaciones y aumentos del desempleo y del subempleo.
Cordes no pudo sustraerse a la influencia de las ideas de la prestigiosa Cepal. La tecnocracia del ente regional sostenían, que la sustitución de importaciones permitiría crear una base industrial nativa, que las actividades productivas no podían exponerse a la competencia extranjera, que la apertura comercial debía circunscribirse a los países latinoamericanos, que correspondía al Estado explotar los recursos naturales y las empresas estratégicas, que la inversión extranjera no era indispensable para modernizar las actividades productivas, que la política social corregía las inequidades, que el control de precios garantizaba el bienestar popular y que los subsidios indiscriminados no eran regresivos.
Por este motivo, inicialmente no formaron parte de la agenda de Cordes las llamadas reformas estructurales. Pero ante las evidencias, de que los países en que fueron aplicadas habían logrado salir del atraso y desarrollarse, planteó la conveniencia de abandonar aquellos paradigmas, desmentidos por la realidad internacional.
El crecimiento económico era esencial para que pudiera reducirse la pobreza por traer aparejada la creación de empleos. Las políticas sociales poco podían hacer para detener el empobrecimiento causado por una economía estancada. Sin altas tasas de ahorro y una fuerte inversión privada, nacional y extranjera, no eran posibles elevadas y sostenibles tasas de crecimiento económico. La apertura de la economía a la competencia internacional incentivaba la innovación, la productividad y las exportaciones. No debía el Estado asumir actividades empresariales que los particulares podían desempeñar mejor y tampoco funciones que el mercado realizaba eficazmente.
Si bien Cordes fue contrario a la adopción del dólar como moneda nacional, cuando fue resuelta por el presidente Jamil Mahuad, al constatar sus beneficios cambió de opinión. Las mejores condiciones de vida de los sectores medios y populares, conseguidas en los tres lustros transcurridos del siglo XX, en gran medida se deben a la dolarización, pues permitió abatir la inflación y alejar las devaluaciones.
La democracia, las instituciones políticas y los fenómenos que han afectado a su buen desempeño, también suscitaron la preocupación de Cordes. Con este fin ha estudiado los problemas de gobernabilidad de la democracia ecuatoriana y ha hecho propuestas para corregirlos. La mayor contribución de la corporación al perfeccionamiento de la democracia fue la investigación que dio origen al libro La ruta de la Gobernabilidad, el más profundo estudio realizado en el país sobre la problemática política del Ecuador.
Sus recomendaciones influyeron en el diseño de la Constitución de 1998. La reforma política en ella contenida no produjo los resultados esperados, debido a la crisis económica de fin de siglo y al derrocamiento de los presidentes Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Este proceso de descomposición política culminó con el desconocimiento del orden constitucional y la reunión de una asamblea constituyente en Montecristi, que institucionalizó un régimen autocrático.
Varias ideas han sido constantes en la reflexión política de Cordes.
Hay una sola democracia, la imaginada e instituida por los países de occidente, bajo cuyas instituciones consiguieron desarrollarse y alcanzar niveles de bienestar no logrados por ningún otro régimen político. Con sus limitaciones e imperfecciones es el sistema político que más conviene a los ciudadanos, porque protege su libertad, garantiza el derecho a participar en la vida pública, limita y divide el poder para evitar abusos, impide que los presidentes se perpetúen en el cargo, les obliga a rendir cuentas de sus actos y promueve un amplio pluralismo ideológico y político. No existe motivo que justifique, por encomiable que sea, el desconocimiento de las instituciones democráticas, el atropello de las libertades y la limitación de los derechos de los ciudadanos. Un sistema de partidos representativo y pluralista es esencial para el buen gobierno y el correcto funcionamiento de las instituciones democráticas. Sociedades en las que los ciudadanos no tienen acendradas convicciones democráticas son proclives a tolerar y a veces justificar la conformación de regímenes autoritarios o dictatoriales.
Las conferencias que Cordes organizó para fomentar un diálogo constructivo entre Ecuador y Perú, y los libros que publicó, seguramente han sido su más importante contribución.
A la solución del centenario conflicto territorial ecuatoriano-peruano aportó con una temprana iniciativa, al convocar el año 1990 a un seminario sobre las relaciones bilaterales, al que se sumaron otros eventos de similar naturaleza en los años siguientes. En ellos se analizaron las áreas de recíproco interés, en las que Perú y Ecuador podían trabajar: integración fronteriza, comercio, comunicaciones y seguridad colectiva.
Para Cordes un diálogo en el que no se discutiera el problema territorial -exclusión por entonces considerada aventurada y riesgosa-, iba a contribuir a que los pueblos de Ecuador y Perú tomaran conciencia de lo mucho que podían ganar con la paz. No solo alejaría el riesgo de una costosa y destructiva guerra, sino que abriría relaciones económicas que impulsarían el progreso de los dos países, como en efecto ha sucedido.
Esta posición llevó a que el presidente de Cordes apoyara las iniciativas de diferentes gobiernos encaminadas a resolver el problema territorial. Especialmente la del presidente Sixto Durán Ballén, que al reconocer la vigencia del Protocolo de Rió de Janeiro abrió un proceso de negociación que culminó con los acuerdos de de Brasilia del año 1998, suscritos gracias a la visión de los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori.
Muchos otros temas estuvieron en la agenda de trabajo de Cordes, entre los que se destacaron: la integración regional, el libre comercio, la descentralización, las Fuerzas Armadas, los derechos de la mujer, el combate a la corrupción, las políticas sociales de educación y salud, las nuevas condiciones internacionales y los valores culturales que impulsan el progreso de las naciones.
En los treinta años transcurridos Cordes realizó su trabajo académico con entera libertad, sin sufrir interferencias del Estado. Fueron una excepción los gobiernos de los presidentes León Febres Cordero y Rafael Correa. En el primero la institución fue intervenida y clausurada; en el segundo, mediante un decreto inconstitucional, a Cordes se le ha sometido a la supervisión política del Estado, igual que a las demás organizaciones de la sociedad civil. Un primer perjuicio ha sido la pérdida del financiamiento que le otorgaba la fundación Konrad Adenauer.
Ante la difícil circunstancia en que Cordes inicia una cuarta década, en nombre de sus directores y funcionarios deseo expresar la decisión institucional de continuar aportando al futuro económico, social y democrático del Ecuador, con sus estudios, reflexiones y publicaciones.
Quisiera finalmente agradecer a las personas e instituciones que cooperaron con Cordes en sus 30 años de existencia.
A quienes conformaron su Directorio inicial, ciudadanos de virtudes cívicas, morales y profesionales que habían servido al país en el sector público y en el privado: Pablo Better, Mauricio Dávalos, Abelardo Pachano, Pedro Pinto, Germánico Salgado, Walter Spurrier y Patricio Ribadeneira. Como también a los que se integraron más tarde: Alfredo Mancero, Teodoro Peña, Diego Ordóñez, José Samaniego y Alexandra Vela. De manera muy sentida al vicepresidente Pedro Pinto, desde este año Director Emérito y a quienes nos dejaron: Germánico Salgado y Alfredo Mancero. Ambos aportaron al desarrollo académico de la institución con los libros y monografías que publicaron.
Como también a sus directores generales: Abelardo Pachano, Esteban Vega, Vicente Albornoz, Sebastián Oleas, Diego Ordóñez y José Hidalgo, éste en funciones desde fines de año. A los directores académicos, Alfredo Mancero, Luis Jácome, Gustavo Arteta, Simón Cueva y Sebastián Oleas. A los funcionarios del área administrativa y a decenas de jóvenes investigadores que se formaron en Cordes, fueron admitidos en importantes universidades del mundo y hoy tienen a su cargo importantes responsabilidades.
Debo un agradecimiento especial a la Fundación Konrad Adenauer, que con su cooperación financiera acompañó a Cordes desde su creación hasta que fue forzada a dejar el Ecuador. Como también a Naciones Unidas, Banco Mundial, BID, CAF, Cepal, FAO, GTZ, Cooperación Española y tantas otras instituciones que le brindaron su apoyo.


Quito, 4 de febrero de 2015